Guía YPF. Regiones de nuestro País.

BUENOS AIRES

Atrapante, nostálgica y arrabalera, Buenos Aires y su corazón porteño combinan el ritmo incansable de la ciudad con la tranquilidad de sus barrios arbolados cada vez más urbanizados y completos.

Cafetines en cada esquina con aroma a amistad y ese cortadito que marca un impase para seguir camino por sus comerciales avenidas, calles peatonales e importantes teatros y museos.

Playas, estancias, sierras, lagunas, son sus principales escenarios naturales. Buenos Aires encandila de Norte a Sur con sus noches que no duermen y una oferta gastronómica única y deliciosa.

Guía YPF. Regiones de nuestro País

 BUENOS AIRES

“Hay dos Buenos Aires diferentes. Por un lado, la ciudad de Buenos Aires, capital de la República Argentina, un área relativamente pequeña en la que la naturaleza se reduce a los parques y todo lo admirable es obra del ingenio y el trabajo del hombre. Por el otro, la provincia de Buenos Aires, una superficie inmensa con cientos de kilómetros de playas, sierras, montañas, llanuras, un vasto litoral y un delta fluvial.”

El amante de las atmósferas urbanas encuentra en la ciudad de Buenos Aires todo lo que puede desear: interesante arquitectura, muchísima actividad cultural, museos, amplia y surtida gastronomía, rica y variada hotelería, festivales y espectáculos, teatros y librerías, deportes y todas las ramas del comercio. Los porteños aportan el ingrediente fundamental: por regla general, tienen un carácter abierto y cordial, y son muy amigables con los extranjeros. Tienen el temperamento cosmopolita propio de un puerto de ultramar.

Quienes prefieren los grandes espacios abiertos y la vida al aire libre tienen en la provincia de Buenos Aires muchas variantes para elegir: de las arenas a las rocas y del agua dulce al agua salada, con miles de kilómetros de caminos rurales en los que predomina la perspectiva pampeana.

Tres cosas sobran en las llanuras bonaerenses: cielo, tierra y agua. En torno de las sierras del norte y de las del sur están los paisajes rurales más lindos de la provincia. Por todas partes hay estancias que ofrecen hospedaje. Además, la gente de campo y la de los pueblos, aunque tienen carácter más reservado que los porteños, también saben cómo hacer para que el forastero se sienta siempre en casa.

La Provincia de Buenos Aires posee un Sistema de Conservación de Ambientes Naturales que permite asegurar la disponibilidad de los recursos y contribuir al desarrollo mejorando nuestra calidad de vida. Incluyen entre sus áreas, además de parques, reservas y áreas naturales, a las reservas naturales integrales, que son aquellas que protegen a la naturaleza en su conjunto y en las que sólo se permiten exploraciones científicas En ellas el acceso es totalmente limitado.

Nacionales desarrolló además una infraestructura edilicia de singular calidad y bello estilo, que imprime un carácter sobrio y respetuoso del entorno a las intendencias y oficinas de guardaparques. Es gracias a la APN que la Patagonia atravesó el siglo XX incólume en sus más excepcionales escenarios.

Más allá de la ciudad de Buenos Aires, en la Provincia hay interesantes circuitos turísticos posibles de realizar en automóvil. Son viajes que van desde unos 100 o 200 km, hasta más de 900 km.

Un recorrido por la Costa Atlántica hasta Bahía Blanca y desde allí por las Sierras de las Ventana y Tandil implica un periplo de 3.000 km.

Son varios los destinos que se pueden conocer con la opción de llegar en ómnibus: Tandil, Mar del Plata y la mayoría de los balnearios y estancias así lo permiten. Los vuelos regulares a Mar del Plata y Viedma pueden ayudar a acortar distancias.

Todo el año es bueno para recorrer la Provincia, ofrece opciones para todos los gustos y edades que pueden ser disfrutadas en cualquier temporada.

Las rutas bonaerenses pavimentadas son buenas pero algo angostas, y sólo se tornan peligrosas cuando llueve torrencialmente o hay bancos de niebla. En los meses de verano suelen saturarse de vehículos, sobre todo en los recambios turísticos.

1 día / Los pagos de Luján y Areco
  • Día 1Visite por la mañana la imponente Catedral de Luján y, si tiene tiempo y ganas, los museos Histórico y de Transportes. Después de echarle un vistazo al agradable pueblo de San Andrés de Giles se puede llegar a San Antonio de Areco para almorzar o pasar la tarde en el Museo Las Lilas. Allí se pueden apreciar las obras del pintor Florencio Molina Campos. También es lindo recorrer los talleres de los plateros y talabarteros.

1 día / Las pampas góticas
  • Día 1Salga bien temprano para visitar la formidable Catedral de La Plata y su museo, con un rápido recorrido por el centro institucional de la ciudad. Tome la RP6 en dirección a Cañuelas, atravesando una región de tambos. Por asfalto o, si no llovió, por hermosos caminos de tierra, dejando la RP6 en Plommer, llegará justo para almorzar en alguno de los simpáticos restaurantes de campo de Tomás Jufré. Tras el almuerzo, pase por Mercedes para ver su hermosa catedral. Si está abierta, pare a tomarse un café, o una ginebra para el que no maneja, en la pulpería de Cacho Di Catarina. Termine el recorrido visitando la Catedral de Luján y, si hay tiempo y no está cansado, los museos aledaños.

2 días / Mar del Plata fuera de temporada
  • Día 1Por la mañana, recorra el centro y los paseos marítimos hasta el puerto, donde puede almorzar. Por la tarde, siga por la costa hasta Miramar y, eventualmente, hasta Mar del Sur, deteniéndose en la Barranca de los Lobos. Disfrute de una noche marplatense en el casino, en las calles del centro, en la calle Alem o en alguno de sus muchos restaurantes.

  • Día 2Por la mañana, visite la hermosa laguna de los Padres y deténgase a almorzar en Sierra de los Padres. Si le gustan los caminos rurales, regrese a Mar del Plata por detrás de la sierra, saliendo a Batán. Por la tarde, recorra algunos museos marplatenses, sus calles y centros comerciales.

2 días / Azul, Tandil y Balcarce
  • Día 1Visite Azul por la mañana y, después del almuerzo, parta hacia Tandil, pasando por el monasterio trapense y la localidad de Pablo Acosta. Se pueden recorrer lindos caminos rurales serranos. Disfrute de la buena gastronomía tandilera y pernocte en la ciudad o en sus alrededores.

  • Día 2Recorra los parques y alrededores de Tandil, tomándose tiempo para probar una buena picada de quesos y fiambres. No deje de llegar hasta Balcarce, para dedicarle un par de horas al formidable Museo Juan Manuel Fangio.

3 días / La ciudad de Buenos Aires a fondo
  • Día 1Recorra el entorno de Plaza de Mayo y la primera cuadra de la Avenida de Mayo. Si tiene ganas de caminar, recorra todo el kilómetro de la Avenida, o bien ayúdese con el subte A. Si es temprano y no hay cola para entrar, pare a tomar un café en el Tortoni. Tome su foto del Obelisco en el cruce con la avenida 9 de Julio. Aproveche la luz de la mañana para fotografiar el Congreso, que de tarde tiene al sol detrás. Regrese con el subte A hasta Plaza de Mayo: mientras sigan en servicio, los viejos vagones de madera son un atractivo turístico. Desde Plaza de Mayo, por las calles Bolívar, Defensa y Balcarce, según los puntos de interés, camine todo el kilómetro largo que hay hasta Plaza Dorrego, en el corazón de San Telmo, sin dejar de ver el Mercado y tal vez con un descanso en el café de la esquina de la plaza. Si ya es hora de almorzar, hay varias alternativas en la zona. También se puede caminar otras cuatro cuadras más hasta Parque Lezama. Desde aquí regrese en taxi o con los colectivos que circulan por Defensa hasta Plaza de Mayo. Por la tarde, desde Plaza de Mayo, puede caminar algo más de un kilómetro por la peatonal calle Florida, plena de comercios, o bien pasear por las calles San Martín, Reconquista y 25 de Mayo, si le apasiona la arquitectura bancaria, o incluso por la recova de Leandro Alem y el Bajo. Para recorrer uno de los trazos urbanísticos más característicos de la ciudad, llegue hasta Plaza San Martín y dele toda la vuelta alrededor, echando también un vistazo a la mayor estación de trenes de Retiro. Desde aquí es menester caminar otro kilómetro más por las calles Arroyo y Alvear para descubrir las máximas elegancias porteñas. Se puede recuperar energía para pasar un buen rato dentro del tradicional Cementerio de la Recoleta, antes de las 17.30 porque cierra temprano. Si le sobra energía, recorra el Centro Cultural Recoleta y/o el Buenos Aires Design, a su gusto. Puede terminar el día en Yenny-El Ateneo de avenida Santa Fe, una de las más hermosas e imponentes librerías del mundo.

  • Día 2Retome el paseo más o menos donde lo dejó ayer, para visitar el Museo Nacional de Bellas Artes, en particular su primer piso. Si tiene que hacer tiempo hasta que abran, eche un vistazo, por detrás, a la Facultad de Derecho y la escultura Floralis Generica. Desde aquí, caminando 1,5 kilómetro por Avenida del Libertador, y quizá desviándose por las callejuelas de La Isla, en lo alto de Plaza Mitre, pase a dar un vistazo a Palermo Chico y sus embajadas y a descubrir el MALBA, especializado en arte moderno, llegando hasta el Monumento de los Españoles. Si quiere caminar un poco más, recorra el Rosedal o bien el Zoo o el Jardín Botánico, a su gusto. Ya será hora de almorzar y el Restó del Museo Evita es una buena alternativa. Si no desea caminar otro kilómetro por las calles donde habita buena parte de la clase media-alta intelectual porteña, tome un taxi y, pasando por plaza Italia, desembarque en la “costa este” del Soho porteño, o Palermo Viejo. Pase un par de horas zigzagueando por calles de nombre centroamericano y descubriendo tiendas de diseño. Al caer la tarde, cruce a pie o en taxi las vías hasta la “costa oeste” del llamado Palermo Hollywood, para pasear otro buen rato entre las mismas calles centroamericanas. Para ver y/o comprar libros, deténgase en Eterna Cadencia. Y elija alguna de las varias grandes alternativas del barrio para ir a cenar.

  • Día 3Recorra el paseo peatonal de los diques 4 y 3 de Puerto Madero Oeste, disfrutando y visitando la corbeta Uruguay y la fragata Sarmiento. Cruce por el Puente de la Mujer y, andando por la otra orilla, si aprecia el arte clásico y figurativo, pase un buen rato en el Museo Fortabat. Se puede gastar bastante y comer muy bien en varios sitios elegantes del sector, pero lo típico es gastar poco en un choripán o sándwich de bondiola en la Costanera Sur. Si el día es lindo, por la naturaleza y para una buena caminata digestiva, recorra los senderos de la Reserva Ecológica hasta la orilla del río. Tómese el resto de la tarde para descansar o ver, con ayuda de un taxi o remise, algunas de las muchas otras zonas que todavía esconde la ciudad: La Boca, el Once y El Abasto, Belgrano, la Costanera Norte.

1 semana / Mar y Sierras
  • Día 1Recorra el Camino de la Costa, almorzando en el camino o en San Clemente del Tuyú. Asómese luego a Punta Rasa. Por la Ruta Interbalnearia, pase a echarles un vistazo a Pinamar, Villa Gesell y Cariló, donde puede tomar el té. Llegue a Mar del Plata para pernoctar allí.

  • Día 2Salga de Mar del Plata hacia Balcarce y visite el Museo Fangio, almorzando en la zona. Por la RN226 o, mejor todavía, por los caminos rurales, llegue hasta Tandil para pasar la noche.

  • Día 3Dedique medio día a recorrer Tandil y alrededores. No deje de subir a los cerros Movediza, Del Parque Independencia y Monte Calvario. Por los caminos rurales o por la RP227, llegue hasta Necochea, para hacer noche allí.

  • Día 4Recorra la RN228 a Tres Arroyos y la RN3 a Bahía Blanca, tomándose tiempo para explorar algunos de los agrestes balnearios de la región. Por ejemplo, San Cayetano y Pehuen-Có. Pase la noche en Bahía Blanca. Puede cenar en las cantinas del puerto Ingeniero White.

  • Día 5Dedique el día a recorrer las rutas y los caminos vecinales en torno de las sierras de Cura Malal y La Ventana, con un picnic campestre o almuerzo en Pigüé, durmiendo esta noche y la siguiente en Villa Ventana o en Sierra de la Ventana.

  • Día 6Tómese el día para alguna caminata en la sierra, o para visitar la bodega y el portal del cementerio de Saldungaray y el embalse y parque Paso de las Piedras.

  • Día 7Emprenda el regreso. Puede detenerse en Azul para almorzar. La ciudad merece, por lo menos, una visita rápida.

Consejos para viajar en auto
Las horas pico se prolongan bastante en Buenos Aires: en líneas generales, entre las 8 y las 10 y las 18 y las 20 es cuando el tránsito y los medios de transporte están más congestionados. Quien pasea por puro placer debería abstenerse de moverse de otro modo que a pie en estos horarios.

El subte, o tren subterráneo, es el medio de transporte más rápido pero también el más congestionado, sobre todo en las horas pico.

Los colectivos son un medio de transporte eficiente y económico y, además, permiten disfrutar del paisaje urbano, cuando el ritmo de la ciudad disminuye un tanto.

El taxi, negro y amarillo, es muy utilizado por los porteños, y bastante económico en comparación con otras grandes ciudades. Nunca escasean, salvo cuando llueve torrencialmente. Muchos de ellos pertenecen a empresas de radiotaxis a las que se les encarga el servicio por teléfono. También hay numerosas agencias de remises.

Al salir de casa rumbo al trabajo, y al regreso, los porteños suelen prestarle atención al informe sobre el estado del tránsito, que se brinda al final de los noticieros de radio, para saber qué sectores de la ciudad están bloqueados por piquetes, manifestaciones o accidentes.

El visitante que maneje un auto en Buenos Aires debe saber que hay varios códigos tácitos e informales de tránsito: en las bocacalles, la precedencia suele no ser de quien viene de la derecha, sino del más guapo; hay muchos conductores remisos a admitir la prioridad del peatón, incluso cuando cruzan por las rayas blancas; los colectivos siempre pasan primero; es usual estacionar en doble fila y bloquear el tránsito, pero hay que tener la gentileza de encender las balizas.

Los viernes, sábados y vísperas de feriados los porteños suelen acostarse tarde y por ello los parques y lugares públicos suelen estar bastante desiertos hasta el mediodía. Después, si hay sol, se llenan de gente. Para disfrutar de estos lugares públicos, son mejores los días laborables.

Por la misma razón, los viernes y śabados por la noche es imprescindible hacer reservas para ir a cenar en cualquier restaurante de la ciudad.

En Buenos Aires se suele almorzar entre las 13 y las 15, y cenar entre las 21 y las 23, pero gracias al turismo internacional en muchos lugares se puede almorzar desde las 12 y cenar desde las 19. También hay muchos locales que no cierran nunca, donde es posible comer a cualquier hora del día y de la noche.

El visitante nunca debería cambiar moneda extranjera en la calle, sino sólo en bancos y agencias céntricas. Las agencias de cambio de los aeropuertos y terminales suelen ofrecer un tipo de cambio muy desfavorable.

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Comer
Buenos Aires es una meca de la gastronomía universal. El repertorio comienza con las carnes a la parrilla y continúa con los típicos bodegones. La cocina italiana e ítalo-porteña, incluyendo la pizza, es la más difundida. La sigue la cocina española, con algunas referencias regionales, gallegas, vascas y catalanas.

Por su parte, la gastronomía francesa siempre estuvo presente en algunos de los mejores y más caros restaurantes de la ciudad y desde hace mucho tiempo hay restaurantes chinos, pero en los últimos veinte años florecieron, además, una variedad de cocinas nuevas, de fusión, moleculares y étnicas exóticas.

Entre las cosas del comer que el viajero de otras latitudes no debería dejar de experimentar en Buenos Aires están los sándwiches de miga, los tostados de jamón y queso, las medialunas, sacramentos y locatelli, eventualmente con jamón y queso; la tabla de ingredientes de un buen vermut o aperitivo; la garrapiñada callejera y calentita en invierno, y los helados, sin olvidar los ya mencionados choripán y sándwich de bondiola en los carritos de la Costanera.

En la provincia, las cosas se simplifican: el menú típico bonaerense incluye carnes, sobre todo de vaca, pastas y algo de pescado y mariscos. Sólo en Mar del Plata y en los balnearios más exclusivos de la Costa Atlántica hay público para una propuesta más refinada (si bien hoy se puede encontrar sushi en todas partes, casi hasta en las pulperías). Más difícil es conseguir ñandú, liebre, conejo, pato, perdices o faisanes, si bien abundan en la provincia. Lo más frecuente entre las carnes no vacunas es la vizcacha en escabeche, que bien preparada es deliciosa. Hay una buena producción de quesos de vaca, de oveja y de cabra en Suipacha y Tandil, donde además existe una rica y variada elaboración de chacinados y embutidos.

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Beber
Los vinos mendocinos son los preferidos en Buenos Aires, seguidos a buena distancia por los sanjuaninos, salteños y patagónicos. Hay tantas y tan variadas etiquetas locales que sólo los apasionados consumen vinos franceses, italianos y españoles.

En Buenos Aires, como en toda la Argentina, hoy se bebe mucha más cerveza que hace 20 años. En la provincia, surgieron en los últimos años microcervecerías artesanales en Villa Gesell, Mar de las Pampas, Santa Clara del Mar, Mar del Plata, Tandil, Sierra de los Padres, Sierra de la Ventana, Bahía Blanca y otras localidades.

Entre los tragos, el Clarito o San Martín es el único que podría definirse como “típico”, si bien es una versión local del Martini. Pero el gusto por los tragos, los bares y la barra es algo muy porteño y en la ciudad de Buenos Aires, al igual que en los balnearios más exclusivos de la costa, es posible darse todos los gustos en la materia.

Más allá de las bebidas alcohólicas, el “cafecito” es una costumbre bien arraigada que sirve como excusa de encuentro de amigos y conocidos, en bares céntricos o típicos de barrio, siempre son lugares con historia y anécdotas inolvidables. Un fenómeno relativamente reciente son los cafés donde se sirve mate.

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Dormir
En los balnearios más frecuentados de la Costa Atlántica y en las localidades más turísticas, como Tandil, hay una amplia gama de opciones para alojarse, desde hoteles de lujo hasta cabañas y aparts.

Por lejos, Mar del Plata es la que ofrece la mayor cantidad y variedad de posibilidades de alojamiento: de las 180.000 plazas hoteleras que hay en la provincia, más de 55.000 están allí. En todos los balnearios de cierta importancia hay, por lo menos, un hotel abierto todo el año, pero muchos cierran fuera de temporada o abren solamente los fines de semana. Sólo en los balnearios más pequeños y agrestes, las posibilidades de alojarse fuera de los meses de verano pueden ser nulas. En las ciudades y pueblos del interior provincial suele haber una hotelería confortable aunque algo convencional y anónima, pensada más para viajantes de comercio y hombres de negocios que para el turismo familiar.

Las estancias son la forma de alojamiento más encantadora y de más sabor autóctono. Suelen ser las favoritas del turismo extranjero, y sus precios son acordes con este nivel de público. Todas requieren reservas previas y en general ofrecen paquetes “todo incluido” de dos o más días: no son utilizadas como hospedaje de paso. Muchas veces atendidas por los dueños, son la verdadera puerta de entrada a la bucólica vida de las llanuras agroganaderas, sus tradiciones y costumbres.

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Actividades
Es uno de los destinos más ricos del mundo en materia cultural. Del varieté y las revistas al café concert, del teatro de vanguardia experimental al show de tango, de la música clásica al jazz y la electrónica, hay propuestas teatrales para todos los gustos, todo el año.

Prácticamente todos los campos del saber humano tienen alguna expresión o institución en la ciudad, desde la astronomía hasta la zoología. Lo mismo puede decirse del turismo religioso: más allá de las docenas de iglesias católicas, existen templos de todas las denominaciones protestantes y ortodoxas. Hay sinagogas, mezquitas y templos taoístas, shintoístas, budistas y umbanda. Con las limitaciones de su contexto altamente urbano, la ciudad de Buenos Aires ofrece buenas facilidades para moverse en bicicleta, y tiene circuitos muy agradables en los bosques y lagos de Palermo, las dos Costaneras.

En Puerto Madero y la Reserva Ecológica hay paseos organizados en bicicleta que se disfrutan tanto más los sábados y domingos, cuando no hay tanto tránsito en las calles. Estas mismas áreas son las favoritas para patinar y trotar. En el Rosedal se alquilan patines y en el lago hay botes de remo y biciscafos, en tanto que los fines de semana se ofrecen clases públicas y gratuitas de gimnasia aeróbica.

En Buenos Aires se practica golf, equitación, tenis, tiro, natación, pelota paleta y pelota vasca, artes marciales y todos los deportes bajo techo. Hay, además, spas y gimnasios en toda la ciudad. Para los deportes náuticos, hay que desplazarse a la ribera norte, en dirección a San Isidro y Tigre.

El mayor problema del ripio son las piedras que proyectan las ruedas (en particular las de tracción) de los vehículos. Siempre hay que disminuir la velocidad al adelantarse y ser adelantados. Distanciarse al cruzarse y adelantarse sirve si la ruta es ancha y se aminora la velocidad: los proyectiles pueden volar decenas de metros. En un largo viaje por ripio, el parabrisas seguramente recibirá impactos de piedras.

En Buenos Aires se practica golf, equitación, tenis, tiro, natación, pelota paleta y pelota vasca, artes marciales y todos los deportes bajo techo. Hay, además, spas y gimnasios en toda la ciudad. Para los deportes náuticos, hay que desplazarse a la ribera norte, en dirección a San Isidro y Tigre.

Las actividades deportivas más típicas de la provincia tienen que ver, naturalmente, con los caballos: desde montar mansos matungos criollos para recrearse en playas, médanos y bosques hasta el aprendizaje y práctica del polo, Buenos Aires es la tierra prometida de los amantes de la hípica y las artes ecuestres. Las cabalgatas y treks más espectaculares están en las sierras de Tandil y la Ventana. Los caminos rurales entre Azul y Balcarce son estupendos para recorrerlos en bicicleta.

En la Costa Atlántica y litoral y Delta del Paraná priman la pesca y los deportes náuticos. Las localidades tradicionalmente más frecuentadas por pescadores están muy bien equipadas para atender todas las necesidades, con alquiler de equipos, servicios de guía y salidas de pesca embarcada. Lo mismo sucede en las lagunas bonaerenses, que convocan a multitudes: allí, la pesca del pejerrey es una de las grandes aficiones populares.

En las playas, generalmente bastante ventosas, se practica kitesurf y windsurf, aunque no todas tienen buen oleaje. Los mejores surf points están entre Mar del Plata y Miramar. El yachting se practica sobre todo en el Río de la Plata. Esquí acuático, kayak y canotaje son muy populares en las tranquilas aguas del Delta del Paraná y también en otros ríos y lagunas.

Casi en cada pueblo hay un aeroclub, donde se aprende a volar en avioneta. Hay clubes de planeadores en Zárate, San Andrés de Giles, Cañuelas, La Plata, Dolores, Tandil, Trenque Lauquen, Azul, Olavarría, Pergamino, Mar del Plata, Tres Arroyos, Junín y otras localidades. El paracaidismo se practica en Lobos y el parapente con motor un poco en todas partes, en tanto que el parapente sin motor aprovecha las alturas que hay entre Cabo Corrientes y Sierra de los Padres.

Otra actividad deportiva que apasiona a los bonaerenses es el automovilismo: prácticamente todo pueblo y ciudad tiene su autódromo y abundan las pistas de karting; las competencias de turismo de carretera atraen gran cantidad de público.

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Provincias de la Región

Rutas Guía YPF en Buenos Aires

De Villa Gesell a Mar del Plata

Inmediatamente al sur de Villa Gesell está Mar de las Pampas, balneario al que se llega por la RP11 o por la prolongación de la Av. 3, que tiene bastante serrucho. Se pasa por varios balnearios hasta llega a Mar del Plata.

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De Bahía Blanca a Carmen de Patagones

La Patagonia se extiende al sur de Bahía Blanca. A 33 km de la ciudad las rutas se bifurcan: la RN22 parte en dirección al valle del río Negro y la RN3 toma rumbo sur, Pasa por varias localidades (entre ellas Carmen de Patagones, con una YPF) sin detenerse hasta Ushuaia.

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