En Ushuaia no conviene circular en auto por la calle San Martín ni tratar de estacionar allí, salvo en domingo por la mañan. Por la tarde la vía céntrica de Ushuaia se congestiona en un atasco de tránsito cotidiano y la circulación se complica en invierno si hay hielo en las calles transversales.
Ushuaia está allí porque Chile está allá, a pocos kilómetros al oeste y al otro lado del canal Beagle. Fue para equilibrar la presencia chilena en la mitad occidental de la Isla Grande que, en 1973, la ley 19.640 trajo las industrias electrónicas a la región. Tal vez lo escaso del turismo en aquellos años impidió ver que bastaba con industrializar Río Grande, preservando en cambio a la bella Ushuaia. Pero la provincia resolvió bastante bien el problema heredado del territorio, y hoy quedan ya pocas cicatrices del pasado industrial. En todo caso, la municipalidad hace un esfuerzo considerable para dotar de infraestructura necesaria a una ciudad que, a lo largo de la costa, ya no tiene más espacio para crecer –entre el acceso este, por la RN3, y la salida al oeste, en el río Pipo, ya mide más de 11 km– y que, al trepar por las laderas de la montaña, los barrios nuevos presentan el desafío constante de llevar a los vecinos los servicios esenciales. En la última década, varias obras viales mejoraron también un tránsito de muchos automóviles y camionetas y poco transporte público.