El mayor inconveniente son las lluvias, variables en intensidad y cantidad cada año, pero que siempre provocan derrumbes y crecientes en los vados. Si se imita la serena paciencia de los lugareños, todos los problemas se resuelven en pocas horas, que pueden ser una ocasión única para conocer a la gente del lugar.
Las tormentas eléctricas, de lluvia y granizo fino en los Andes y la Puna son estremecedoras. La altura, el paisaje desolado y la conciencia de estar lejos de todo lo conocido se conjugan para crear increíbles espectáculos de luz y sonido. Quedándose en el auto, lejos de vados y laderas o paredones rocosos, se puede disfrutar de la tormenta como si fuera un inolvidable show, muy realista. Si está en un buen lugar y viene la tormenta, déjela pasar y salga al día siguiente.
En invierno conviene salir en pequeñas caravanas: no es prudente viajar en un solo vehículo por la Puna. En cualquier camino de poco tránsito, la simple noche a 10º o 20ºC bajo cero transforma cualquier problema mecánico en un asunto mortal si no se tienen equipos adecuados para el frío. En verano también es imprudente aventurarse en un solo vehículo y sin baqueano por huellas de altura poco transitadas. En el altiplano, dormir en el auto significa dormir dentro de la heladera (en verano) o dentro del freezer (en invierno).
Consejos sobre los caminos
En el altiplano a veces se ven accidentes de tránsito que parecen inexplicables en caminos en los que casi no hay tránsito. Las únicas causas posibles son el ripio, los badenes, las curvas mal trazadas y la excesiva velocidad. Al viajar en auto por la región es bueno ir con cuidado. Los lugareños conocen estos rumbos extremos de memoria, pero muchos turistas los están recorriendo por primera vez.
En todas las regiones montañosas del Noroeste (y de otras zonas de la Argentina), las distancias entre puntos o estrellitas de los mapas son engañosas, sobre todo para quien vive en las llanuras y está acostumbrado a que cien kilómetros de ruta equivalgan a una hora de manejo. En los caminos de montaña del Noroeste la velocidad promedio es una tercera o una cuarta parte de la que se desarrolla en la llanura en condiciones normales. Puede ser todavía menor en condiciones excepcionales: si se los busca, hay tramos de cien kilómetros off road que no se hacen en menos de un día.
Por eso los lugareños no se expresan en kilómetros, sino en horas de viaje. Calcular de antemano las horas de viaje es fundamental en todas las travesías, incluso por rutas pavimentadas, en la alta montaña. En todos los tramos de cierta dificultad o duración, hay que partir siempre de mañana, y temprano. En el Noroeste, es imprudente emprender un viaje largo de tarde. Al caer el día hay que estar en un refugio y no circulando a miles de metros de altura por caminos sin tránsito, luces ni señales.
En las cuestas andinas, a algún millar de metros de altura, incluso en vehículos nuevos y potentes, es malo subir con el aire acondicionado encendido. Para cualquier motor, trepar más o menos cargado a 2, 3, 4 o 5 mil metros de altura en primera o segunda con el aire acondicionado al máximo puede ser demasiado. Además, en las cuestas andinas no es raro tener viento de cola, lo que suele sofocar todavía más al motor. Si no puede evitar el aire acondicionado, vigile la temperatura del motor y deténgase a dejarlo enfriar toda vez que sea necesario.
En las cuestas, cornisas y todo tramo difícil, el aire acondicionado es contraproducente también por otra razón: crea un “efecto burbuja” que aísla al conductor, tanto más si se viaja conversando o escuchando música. Lo que está bien en una recta de amplias visuales o de curvas abiertas puede estar mal entre curvas ciegas y cerradas de ripio y piedra caediza, con animales sueltos y abismos y sin guardarriel. En esos tramos, es mejor “escuchar” el camino que la conversación o la música.
Los caminos más anchos, rectos y desiertos de la Puna contienen un peligro sorpresivo y casi nunca señalizado: los badenes. Tal como los profundos cañadones patagónicos, el módico badén de la Puna aparece de golpe y puede ser fatal si no se lo encara como es debido.
La mayor parte de los caminos del Noroeste son firmes: roca desnuda, arena, arenas volcánicas, pedregullo y tierra de cualquier color. El peor camino es el de lava o basalto volcánico. Pueden ser elementos cortantes como cuchillos y arruinar un neumático nuevo. La doble tracción se usa sólo en los vados y fangales en verano, en algún tramo arenoso y poco más. Off road es otro asunto.
Consejos sobre la altura
A la altura, como al mar, hay que tenerle respeto. Entre los 2.000 y los 3.000 metros, según el organismo de cada uno, aparece alguna dificultad al respirar haciendo esfuerzo físico. Cerca o más allá de los 3.000 es posible que cualquier persona que vive a nivel del mar sienta molestias, aunque cada ser humano es distinto. Hay empedernidos fumadores que no se apunan fácilmente y atletas vigorosos que tiran la chancleta en Humahuaca. Cerca o por encima de los 4.000 m, el aire es tan finito que todos (salvo lugareños y montañistas aclimatados) entran en zona de riesgo. A los 5.000 m las cosas se ponen densas, por la escasa densidad de la atmósfera. Cualquier motor lo siente, y poco más arriba hasta los mejores caballos cerreños dicen basta. Más alto llegan sólo las mulas, los andinistas y los cóndores.
La primera regla para subir a la Puna sin apunarse es hacerlo de a poco, para aclimatarse. Volar por la mañana de Aeroparque a Salta o Jujuy para ir a dormir a San Antonio de los Cobres o Susques es lo peor que se puede hacer. Subir y bajar algunas veces o ir subiendo gradualmente ayuda al organismo a adaptarse para funcionar con 10, 20 o 30 por ciento menos de oxígeno.
En la altura, chupar hojas de coca en acullico es útil, sobre todo para los fumadores, porque los distrae con una práctica que puede parecer rara al principio, pero que una vez aprendida no es tan desagradable. Además, la coca alivia un poco la sed, el sueño y el hambre. Un té de coca a la mañana, al mediodía, a la tardecita o a la noche no le hace mal a nadie.
El chocolate es un buen aliado. Es imprudente ir a las alturas sin reservas de chocolate, como de abrigo y de agua. El chocolate aporta energía, ocupa poco lugar, hace bien contra el frío y es consuelo cuando algo anda mal. Lo ideal es viajar con una bolsa de chocolatines, también para regalar a los niños de la Puna, que no tienen kioscos a la vuelta de la esquina.
Consejos sobre el vehículo
Haga una revisión integral del auto o camioneta: si no es nuevo y anduvo por caminos de tierra, cambie todos los filtros del motor y haga revisar a fondo y, eventualmente, limpiar por dentro y fuera el radiador, que es el pulmón de su motor. Lo necesitará impecable en las largas cuestas y las alturas. Controle las pastillas de freno. Lleve fusibles surtidos. Papel de diario y bolsas grandes de residuos siempre resultan útiles.
Viaje con seis neumáticos tan nuevos como sea posible y de los más duros y resistentes. Ir con cubiertas de perfil bajo por el Noroeste es como escalar una montaña con tacos altos. Es imprudente viajar por el altiplano con neumáticos muy usados y sin dos ruedas de auxilio en buenas condiciones. Hay que llevar al menos dos aerosoles infladores-selladores. En caminos de roca volcánica, pinchar dos veces es fácil si no se anda con mucho cuidado. Inspeccione sus neumáticos con frecuencia, sobre todo antes de volver al llano y a la velocidad en el asfalto, después del ripio en la montaña.
Si quiere sentirse libre de preocupaciones, viaje con el equivalente a un tanque de combustible en bidones resistentes. Si lleva nafta, tenga prudencia y no fume dentro del auto. Si lleva gasoil, use depósitos externos (de techo es lo ideal) o envueltos en papel de diario y bolsas de residuos. Aun así, sepa que chorrearán y mancharán el tapizado. Toda vez que encuentre una estación de servicio de marca, llene el tanque y absténgase de hacerlo en los surtidores genéricos, cuyo combustible puede estar adulterado, algo nefasto en la altura.
Los motores nafteros se “apunan” más que los gasoleros y son más delicados. En los motores nafteros modernos no hay que tocar nada del motor para subir a las alturas, pero en los motores nafteros viejos y en los motores diésel un mecánico puede adelantar el punto de ignición para que trabaje mejor con poco oxígeno. Sacar el filtro de aire para que el motor “respire” mejor es un remedio peor que la enfermedad: hágalo sólo como medida extrema si su motor calienta mucho, y repóngalo cuanto antes.
Si viaja por las alturas en invierno en un gasolero, es bueno usar sólo gasoil EURODIESEL. Recuerde que a -20ºC el gasoil se congela. De noche, estacione el vehículo bajo techo o en sitios donde le pegue el sol desde temprano. No lleve cadenas de nieve: cuando nieva se cierran los pasos y nadie puede circular.
Si viaja en un gasolero, sepa que por encima de los 3.000 o 3.500 m es normal que su motor eche humo negro al subir y humo blanco al bajar: suele suceder con el mejor motor y el mejor combustible. No es que su auto se volvió loco o está eligiendo un Papa. Es que le falta oxígeno: la combustión es incompleta con residuos carbónicos al trepar y al bajar con poco oxígeno, pero, sin trabajar a pleno régimen, el motor quema aceite. Por eso, en las alturas es rutina chequear cada mañana antes de arrancar el nivel del aceite y, ya que estamos, todo lo demás.
Apenas cae el sol en las grandes alturas, no use más el sapito del parabrisas para limpiarlo, porque el agua se congelará en el cristal y sacarla (con una tarjeta de crédito o agua tibia, nunca con agua caliente) es un engorro. Limpie el parabrisas a mano y ahorrará tiempo.
Por esta razón y otras, nunca viaje de noche por las alturas. El frío, el viento, el polvo y la altura pueden combinarse de forma tal que la operación que resulta más sencilla en el garaje de su casa sea una tarea titánica en la intemperie andina.
Consejos para viajar a Chile
Vacíe previamente su vehículo de toda migaja, brizna o fragmento de cualquier materia comestible o incomestible animal o vegetal no envasada. A Chile no entra en auto por una frontera ni un jamón español ni un queso francés: nada. Tampoco los cestos de mimbre ni los chiches de madera. Todo va al fogón del estricto S.A.G. chileno, que libra recibo de cada ítem decomisado. No pierda el tiempo y hágalo usted mismo, de antemano
Una vez en Chile, donde quiera que vea una señal de STOP o PARE hágalo aunque sea en una ruta desierta. No aminore la marcha: deténgase en medio del desierto, obsérvelo y acelere de nuevo. Las señales de tránsito en Chile son literales, no figuradas ni coloquiales. Sepa que en Chile está prohibido fumar cuando se maneja.
Consejos para viajar a Bolivia
Prepárese para que los papeles de su vehículo sean examinados a fondo no una sino varias veces a lo largo del viaje.
No le extrañe si en los caminos de montaña se encuentra con piedras en medio del camino que no cayeron de la altura.