34° 39'S 59°26'O 38 m 62.000 habitantes B6600 CP DDN 2324
Mercedes es una de las ciudades más bonitas de la provincia. Su ordenamiento urbano es muy bueno, por sus bellas calles numeradas y arboladas. Además de su hermosa Catedral y de su famosa pulpería, la ciudad tiene el espléndido Parque Independencia, de 54 ha a ambas orillas del río Luján, con frondosas arboledas y diversas instalaciones deportivas, además de fogones y servicios higiénicos. La comarca es renombrada también por sus embutidos y chacinados. Se puede comprar buen salame quintero en El Mercedino (16 y 19), en De Murtas (35 y 34) y en Don Quico (35 y 18). También en la vecina Tomás Jofré. Hay media docena de talabarterías, cuyas direcciones pueden obtenerse en la Dirección de Turismo. La ciudad nació a mediados del siglo XVIII en torno de un fortín fronterizo llamado Guardia de Luján. En 1805 fue bautizada como Villa de las Mercedes y en 1865 quedó unida a Buenos Aires por el ferrocarril. La ciudad cuenta con cinco estaciones de servicio YPF.
Datos útiles
  • Policia 911
  • Bomberos 100
  • Emergencias Médicas 107
  • Dirección de Turismo Avenida 29 esq. 26
  • Correo Calle 29 n° 645
  • Automóvil Club Argentino Calle 29 y 26
  • Estación de Trenes Calle 6 y 12
  • Terminal de Ómnibus Calle 34 y 55
  • Taxis y Remises Tel. 432222 y Tel. 421854

ACTIVIDADES

La ciudad de Mercedes es un lugar ideal para el miniturismo. Ofrece alternativas para realizar actividades deportivas, vuelos de bautismo, agroturismo o visitas a los distintos centros culturales. También es posible disfrutar de actividades campestres como cabalgatas, carreras de sortijas y espectáculos folclóricos. El Observatorio Astronómico Municipal, la Basílica Catedral Nuestra Señora de las Mercedes, los museos Ciencias Naturales y el Histórico Regional de la ciudad, son también puntos de encuentro de los visitantes. Un distinción aparte merece el santuario del Gauchito Gil, el santo popular que convoca a miles de seguidores de todo el país.

NOTA DE COLOR

La inmigración irlandesa comenzó a llegar a la Argentina con las hambrunas europeas de fines de la década de 1840, provocadas por la epidemia de roya de la papa. Se acentuó después de la caída de Rosas. Se estima que en el siglo XIX vinieron entre 10.000 y 15.000 inmigrantes irlandeses. Al principio se asentaron al sur de Buenos Aires, en Cañuelas, Chascomús y Ranchos, pero a partir de 1860 su presencia se multiplicó al oeste, en Capilla del Señor, Mercedes, Luján, Carmen de Areco y San Andrés de Giles, y aún más allá. Por entonces, los laboriosos irlandeses comenzaban a comprar tierras, y las del oeste costaban menos que las del sur. La inmigración irlandesa estuvo íntimamente ligada al desarrollo de la ganadería ovina, que en la provincia de Buenos Aires había sido insignificante hasta mediados del XIX, pero que después experimentó un boom. En esas décadas, antes de que el epicentro de la producción ovina pasara a la región patagónica, la lana era la principal exportación de la provincia Buenos Aires. Así, el gaucho vaquero fue en buena medida reemplazado por el pastor vasco, irlandés o escocés. Las estancias ovejeras eran generalmente pequeñas, de un millar de hectáreas, conducidas en forma familiar, si bien los sheep farmers más exitosos llegaron a tener grandes propiedades, con más de 100.000 ovejas. En la conformación de la comunidad irlandesa se destacó el padre Fahy, que llegó en 1844 y durante tres décadas fue el líder espiritual. Sus restos descansan en el Cementerio de la Recoleta. Diversos apellidos irlandeses, como los Casey, Duggan, Garrahan, Ham y Kavanagh, se integraron a la gran burguesía porteña desde fines del XIX. Varios de ellos fueron miembros fundadores del Jockey Club.

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