Pero si se suman algunos cientos de kilómetros de ripio y caminos mejorados, se puede acortar camino, alcanzar lugares espléndidos y disfrutar un placer de manejar más intenso y auténtico que en el pavimento.
Si se viaja entre diciembre y marzo, hay que descontar algunos chaparrones estivales que suelen provocar crecientes en los ríos y arroyos y eventualmente complican los numerosos badenes y vados.
Con la lluvia en las montañas y sus crecientes (bastante más en los Andes que en las Sierras de Córdoba y San Luis), los vados pueden resultar pasables en 4x4 pero no en auto, o sólo en camión, o de ningún modo hasta que no baje el agua (lo que ocurre en pocas horas) y eventualmente pase la máquina de Vialidad para limpiar el camino.Con las crecientes hay que tener paciencia y disfrutar un rato de mate y charla en contemplación del espectáculo: el único peligro con ellas es la impaciencia o la imprudencia.
Las lluvias de verano también provocan caídas de rocas y desmoronamientos: en las carreteras viejas, como las de Córdoba, los cortes en la montaña ya están asentados y es menos frecuente, pero en las rutas nuevas (que son varias en la región andina) la caída de piedras es frecuente: hay que ser prudente en las curvas ciegas y pasar rápido y sin detenerse por los tramos (muchas veces no señalizados) donde hay caída de piedras o posibilidad de deslizamientos. Ocasionalmente se ven las piedras cayendo y cada conductor sabrá si le conviene frenar o acelerar.
Las tormentas eléctricas en verano pueden ser fenomenales, sobre todo en las montañas y los valles de altura. Los rayos pueden ser impresionantes pero son inocuos si se permanece dentro del auto, que está aislado del suelo y es una jaula de Faraday: es indiferente que el auto esté parado o en movimiento, si bien los rayos distraen del volante y hasta pueden cegar un momento, lo que no es recomendable en caminos de montaña sin guardarriel y con lluvia. Si se ven nubarrones negros asomando entre los cerros, lo más prudente es esperar que pase la tormenta de verano.
Las tormentas de granizo ocurren todo a lo largo de las montañas, en los meses calurosos. En las alturas, el granizo es de tamaño aceptable, pero cuando llegan a los pies de los montes, dos kilómetros más abajo, los cumulus nimbus pueden lanzar piedras de calibre descomunal, que imponen el uso del casco y pueden abollar feo una carrocería. Los refugios de malla antigranizo para autos son raros, pero las tormentas de granizo se ven venir desde lejos y son muy localizadas, de manera que no es difícil evitarlas, además de estacionar siempre bajo techo.
En invierno, a menos que no se piense abandonar los llanos ni viajar más al sur que Malargüe, hay que llevar un par de cadenas de nieve en el baúl y saber colocarlas. Su uso no es frecuente, pero ocasionalmente hay tramos o pasos que pueden estar habilitados sólo con cadenas. Si nieva mucho y/o hiela no pasa nadie.
Los pasos andinos a Chile por Agua Negra en San Juan y Vergara en Mendoza están operativos entre noviembre y marzo sólo de día, pero también en verano pueden resultar cerrados por la nieve, aunque no por mucho tiempo. El túnel del Cristo Redentor y el paso del Maule o Pehuenche funcionan todo el año: el primero durante las 24 horas, el segundo durante el día. Cada invierno, el túnel del Cristo Redentor es bloqueado por la nieve algunos días, pero a veces el paso queda cerrado por más de una semana con bastante trastorno para todo el Mercosur y el propio Chile.
La ruta alternativa suele ser el paso del Maule o Pehuenche, que está 500 m más bajo y rara vez queda bloqueado por la nieve: están haciéndose grandes obras viales de ambos lados para asegurar al menos una conexión vial operativa todo el año entre Cuyo y Chile.