El istmo Ameghino separa los golfos San José y Nuevo, cuyas mareas, de hasta 11 m de amplitud, están desfasadas. Este fenómeno en la diferencia de altura de llenado inspiró el proyecto de construir una usina que trabajara con la energía del trasvasamiento del agua entre los golfos. Pero las posibles consecuencias ecológicas lo hacen hoy inviable.
El avistaje de ballenas francas es un arte que se fue perfeccionando desde que comenzó a practicarse, hace casi 40 temporadas: al principio se salía a buscarlas sin mayor criterio. Hoy, los pilotos o capitanes de avistaje conocen los hábitos de los cetáceos y los períodos en que se acercan o se alejan de la costa; también desarrollaron una sensibilidad especial para prever sus desplazamientos y dónde van a aflorar. Imposible saber hasta qué punto las ballenas participan conscientemente del espectáculo, pero a veces da la impresión de que son ellas las que curiosean y juegan con las embarcaciones. A bordo, todos filman y fotografían, esperando llevarse de recuerdo la famosa imagen de una cola fuera del agua.
Después de la excursión náutica, nada mejor que poner un buen broche al disfrute con un plato de rabas o calamarettis fritos y una cerveza, en alguno de los varios bares del pueblo; por ejemplo, en el pintoresco e informal Towanda (1a. Bajada s/n°; tel. 15699966).