El Resistencia es la ciudad de las esculturas desde que, en 1988, a instancias de los fundadores del Fogón de los Arrieros, entre ellos el escultor Juan de Dios Mena (que fue a Resistencia un poco lo que Quinquela Martín a La Boca), se realizó un primer concurso de escultura moderna que se repitió durante una década, para luego transformarse en el Concurso Bienal Internacional de Escultura. Gracias a este certamen, Resistencia acumuló un patrimonio de medio millar de obras, muchas de las cuales se exponen en los canteros centrales de los bulevares y en el MusEUM, descripto más abajo. Al no haber un mapa-guía-catálogo que permita al visitante identificar las obras, su observación casual revela trabajos ingeniosos, creativos o de notable materia. Tras cada Bienal se organiza un sendero con el itinerario marcado en rojo en las veredas, que recorre las obras expuestas. La Fundación Urunday, con sede en el MusEUM, se ocupa de la iluminación, manutención y señalización de las esculturas, involucrando a los vecinos: es admirable ver cómo se integra este surtido
La lluvia de meteoritos del Chaco se produjo hace unos 5.800 años y sembró la región entre Gancedo, Roversi, Campo del Cielo y Las Víboras con una cantidad de meteoritos metálicos. Uno de ellos, llamado El Taco, puede verse junto al planetario Galileo Galilei, en la ciudad de Buenos Aires. En el Parque Provincial se encuentran algunos cráteres, entre ellos el Rubín de Celis, de medio centenar de metros de diámetro y 5 m de profundidad. Hay también otros cráteres en Laguna Negra y La Cañada. En Las Víboras puede verse expuesto, junto a la RP19, el meteorito La Sorpresa, hallado en 2005. Sin embargo, no es posible contemplar el meteorito más famoso de todos. Se trata del Mesón de Fierro, un fragmento de 3,5 m de largo, cuya existencia ya era conocida en el siglo XVI por los conquistadores españoles, que lo consideraron un yacimiento de hierro. Una primera expedición en 1576 no logró hallarlo, pero fue descubierto en 1789 y cuatro años después hubo otra expedición, enviada por el virrey Vértiz, que hizo un socavón a su alrededor. El meteorito cayó en el agujero y fue cubierto por la naturaleza o por los indios, que lo consideraban un fragmento sagrado del sol. El hecho es que nunca más volvió a ser visto. La protección del área fue tardía y es todavía incipiente. Por esa razón, varios fragmentos meteoríticos