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Chaku en la puna jujeña

“Chaku” es el nombre que los incas daban a la captura ritual de sus rebaños silvestres.

“Cieneguillas, pueblo protector de las vicuñas”, dice un cartel en la entrada del último caserío. El sol se asoma de a poco e inunda todo de color dorado y las siluetas comienzan a tomar forma cuando el grupo llega al medio de la nada. El de más edad concentra la atención con gestos parcos. Mientras que otro saca un facón con y hace un pozo en la tierra.

“Jallalla hermanos, gracias hermanos”, dice el hombre con lágrimas en los ojos y mezclando el español con el quechua de sus abuelos. Lleva los brazos al cielo y enseguida se arrodilla para hacer su ofrenda a la Pachamama mientras repite, como en una letanía: “gracias por las vicuñas, gracias por nuestras tierras, gracias por nuestro medio ambiente sano y productivo”. En ese hoyo se concentran en silencio las miradas y las expectativas de un centenar de personas de piel curtida. Después, participamos de la ceremonia entregando a la Madre Tierra un chorrito de vino, otro de chicha, algún cigarrito y hojitas de coca. Como para que no se apune. Es que, a casi cuatro mil metros sobre el nivel del mar hasta la Pachamama se puede apunar. Las hojas de coca en la boca ayudan a resistir los mareos pero no logran sujetar la ansiedad: el “chaku” está por comenzar.

“Chaku” es el nombre que los incas daban a la captura ritual de sus rebaños silvestres. Cada cuatro años y, encabezado por el propio Inca, unas veinte mil personas empezaban a “barrer” caminando una zona enorme, de muchos kilómetros cuadrados, hasta encerrar en cuevas o contra murallones de montaña a miles de vicuñas. Ahí separaban y esquilaban a las más fuertes, se sacrificaban sólo las necesarios para la provisión de cuero y de carne, y volvían a liberar a los restantes. Fuera del chaku estaba prohibido matarlas. “De este modo, muy racional, se hizo esto hasta la llegada de los conquistadores”, -cuenta Hugo Yacobaccio, zooarqueólogo, y sigue: “pero la codicia sin límites de los nuevos amos hizo que no se respetaran los tiempos y que exigieran a los indígenas capturas cada vez más seguidas y más sangrientas; llegó un momento en que las encerraban para matarlas con armas de fuego. Así, el chaku fue desapareciendo y sobrevino una indiscriminada cacería. Llegaron a exportar miles de cueros y toneladas de fibra, poniendo en riesgo la existencia misma de las vicuñas”. La matanza fue tan grande que ya en tiempos de Simón Bolívar fue necesario protegerlas. En 1825, en la ciudad de Cuzco, el libertador firmó que “tendrán la pena de cuatro pesos por cada vicuña que matasen, aun con el pretexto de caza…”. Lamentablemente, esta ley, una de las primeras normas conservacionistas de América, no fue muy efectiva en la práctica. En 1956, en todo el continente sólo quedaban unos ocho mil ejemplares de los más de tres millones que lo habitaban cuando el conquistador español pisó este suelo.

Fue necesario que estuviera en peligro de extinción para que nuevas leyes la protegieran. Así, por un convenio entre Argentina, Bolivia, Chile y Perú se logró elevar a más de 300.000 a la población actual de vicuñas y, gradualmente, ir habilitando zonas donde es posible la explotación comercial de su fibra. No así la del cuero y de la carne, lo que sigue siendo un delito. Así el chaku volvió hace menos de quince años al altiplano argentino para quedarse, recuperando tradiciones milenarias.

Pero, ¿por qué tanto revuelo?. Sencillamente porque su fibra (se llama así, no lana) es la más fina y mejor cotizada del mundo. Aunque por cada vicuña sólo se obtienen unos 200 gramos, su precio internacional puede llegar a los 400 dólares por kg. En Paris o en Milán se venden chalecos de vicuña, con las firmas de grandes modistos, en más de diez mil euros.

Ya en tiempos de la realeza inca, con la fibra de la vicuña se tejían telas livianas llamadas “kumpi”, cuya confección y cuidado estaba a cargo de las Vírgenes del Sol. Tan preciadas eran esta telas que existían funcionarios especialmente dedicados a su cuidado y se “sacrificaban” telas, incinerándolas para los dioses. Cuando estas telas llegaron a Europa, reyes y nobles se enamoraron de su suavidad. Y los jeques árabes también pagaron fortunas por ellas. Así hasta nuestros días, en que la alta costura se nutre de esta fibra, pura o en mezclas, para confeccionar “tesoros abrigaditos” al decir de Bibiana Vilá, una de las biólogas especialistas de mas experiencia.

En la actualidad, en vastas zonas de la Puna Argentina –como Cieneguillas- se pudo volver a incorporar al sistema económico de los pobladores el manejo en silvestría de este animalito de pestañas arqueadas -que si se los domestica se arruinan-, gracias a la alianza entre científicos y campesinos respetuosos de las costumbres.

El sol se esconde entre las montañas y el viento frío hace crujir los corrales vacíos. El chaku terminó. El paisano más viejo y, por eso mismo, el más escuchado, vuelve a llamar la atención.. Agradece a los técnicos, a la Pachamama, al Coquena, y a sus pares. “Jallalla, hermanos. Jallalla, hermanos”. ​
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Comentarios Destacados

Muy buena!
Javier E.

Guía YPF responde:
Muchas gracias por tu comentario! Guías YPF


  • 17/11/2015 11:50:58

¿En qué fecha se realiza?


Guía YPF responde:
El ritual del Chaku se hace en varios lugares (Catamarca, Salta, La Rioja, etc.) y en varios momentos al año, depende de la actividad productiva (como la cosecha de maiz, etc). Antes estaban prohibidos y luego como había super población de llamas, se hizo una ley por la que se permitió hacer el ritual. La nota y las imagenes son del primer ritual que se celebró. La mejor manera de averiguar cuándo se celebrarán los siguientes rituales Chaku es a través del INTA.


  • 09/10/2015 17:53:12

Muy lindo


Guía YPF responde:
Muchas gracias por tu comentario! Guías YPF


  • 08/10/2015 19:09:13

Gracias a la alianza entre científicos y campesinos respetuosos de las costumbres recuperamos un ritual!
Barbara Jessica A.

Guía YPF responde:
Muchas gracias por tu comentario! Guías YPF


  • 06/10/2015 17:59:51