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Energía YPF

08.07.2013  | The Guardian | John Hanger

Si le preocupa el medio ambiente, dele la bienvenida al fracking de gas.

No existe fuente de energía perfecta que no impacte en el medio ambiente y resulte de bajo costo. El gas natural es mucho mejor que el carbón o el petróleo.

El gas, la secuela del docudrama anterior Gasland de pizarra está transformando la economía, el medio ambiente y la política de América del Norte de maneras todavía sorpresivas. Fue un fenómeno imprevisto, pero el gas de esquistos, que ya data de más de una década, representa el 40% del gas natural en los EE. UU. El éxito de la producción del gas de pizarra, que llegó a vastas áreas de América del Norte en las que anteriormente no existía aprovechamiento de gas, dio a luz al mayor movimiento medioambiental desde las protestas del poder antinuclear de la era de la Isla de las Tres Millas. Las “guerras del fracking” han llegado a Norteamérica y al mundo, cuando la recientemente destituida ministra francesa de energía y medio ambiente afirmó que los partidarios del gas de pizarra querían su pellejo.
El suministro masivo de gas de pizarra produjo la caída del precio del gas de U$S13 los mil metros cúbicos en julio de 2008
a menos de U$S4, lo que permitió lograr ahorros en calefacción y electricidad por un monto de U$S1.000 anuales a muchos consumidores de los EE. UU. y ayudó a ahuyentar una recesión mayor en 2011 y 2012. Estas grandes reducciones de precio en calefacción y energía – necesidades básicas – resultan particularmente vitales para aquellos que viven en la pobreza, y constituyen un golpe de suerte bienvenido para los hogares de ingresos medios.
Como resultado del gas de esquistos, la fortuna también les sonrió a millones de estadounidenses que han rentado sus tierras a la industria de las perforaciones. Estos ciudadanos reciben pagos y cheques por regalías que totalizan decenas de miles de millones de dólares. Otros cientos de miles reciben un cheque gracias a los puestos de trabajo que el auge del gas de pizarra y de la producción química vinculada a éste creó de manera directa o indirecta.

El gas de pizarra en los EE. UU. no constituye un esquema Ponzi que descansa sobre reservas precarias, como algunos han afirmado de modo imprudente, sino que representa una bonanza económica duradera que podría arrojar puestos de trabajo de producción intensivos relacionados con la energía a muchas comunidades. De hecho, los nuevos volúmenes de gas son tan reales y enormes que amenazan a la energía procedente del carbón, del petróleo y a la energía nuclear y renovable.

Hasta el momento, el gas de esquistos coexiste con la energía solar y eólica, cuya capacidad se disparó 14 y 2 veces, respectivamente, desde 2008, pero libra un duelo a muerte con el carbón. El gas natural económico es enemigo acérrimo del mercado del carbón, dado que motivó la caída de la electricidad derivada del carbón a un escaso 37% del mercado en el año 2012 del 48% que representaba en el año 2008 y provocó que los inversores suspendieran la creación de 150 centrales energéticas previstas que se alimentarían con carbón. A pesar de que los Republicanos culpan al Presidente Obama de una guerra por el carbón, fueron las fuerzas del mercado de Adam Smith las que provocaron que el carbón perdiera participación en el mercado a un ritmo acelerado.
Dado que la combustión del gas no emite hollín letal o metales tóxicos que provocan enfermedades y su emisión de dióxido de carbono es aproximadamente un 50% menor que la del carbón, el desplazamiento de la generación de energía por carbón que provocó el gas natural recorta las cantidades correspondientes a los principales contaminantes del aire como el mercurio, el plomo, el arsénico, el hollín y el dióxido de carbono. Las emisiones de carbono de América del Norte se han reducido en 800 millones de toneladas desde 2007 y
volvieron a los niveles reinantes en 1995, con un desplazamiento del carbón y parte del petróleo por parte del gas que resultó ser el responsable de casi la mitad de la reducción total. Los beneficios del gas relacionados con el carbono se incrementarán a medida que las tarifas del metano se recorten al aumentar las terminaciones ecológicas y otras prácticas que reducen el derrame que la Agencia de Protección Ambiental de los EE. UU. ha ordenado a través de normas que surtirán efecto en 2014.
Una de las principales preocupaciones sobre el gas natural es lo que sucede a nivel local. La producción de gas de pizarra es una actividad industrial que lleva equipos de perforación, bombas de fractura hidráulica, camiones y cañerías a las áreas locales, así como el pago de alquileres, cheques por regalías, puestos de trabajo y energía barata. Con frecuencia, genera nuevas fuentes locales de emisiones de gasoil en el aire y agua de desecho de las perforaciones, cuyo almacenamiento en cavernas profundas
provocó un terremoto que se pudo apreciar a nivel superficie en Youngstown, Ohio. Durante el primer año de desarrollo de cualquier pozo de gas de pizarra, este tipo de gas no es un vecino silencioso y acarrea desafíos perdurables.

Me encontré con los problemas de primera mano cuando fui secretario ambiental de Pensilvania, momento en el que arrancó el desarrollo Marcellus Shale drilling. Hubo errores en el recubrimiento y la cimentación de los pozos de gas que provocaron la migración de metano a 18 pozos de agua en Dimock, Pensilvania, y el incendio de cinco estaciones compresoras en Pensilvania a partir de 2011. Las perforaciones para explotación de gas deben contar con una regulación sólida y gravarse de manera razonable. Las normas deben ser sólidas, el personal dedicado a la regulación debe ser suficiente como para hacerlas cumplir y los líderes políticos deben solicitar a sus entes reguladores la exigencia del cumplimiento de las normas. Una sólida regulación puede ayudar a minimizar los impactos y maximizar los beneficios, pero la regulación de la producción de gas y energía es deplorable en la mayoría de los casos.
Incluso con la mejor de las regulaciones, la producción de gas no puede realizarse sin ejercer impacto en el medio ambiente, sin camiones, accidentes, derrames, fugas, alteraciones en el terreno. Sin embargo, ninguna forma de producción de energía puede satisfacer ese estándar.

Casi todas nuestras opciones energéticas conllevan riesgos de seguridad y riesgos ambientales o puntos débiles significativos. No existe una fuente de energía perfecta o excelente que no ejerza impacto medioambiental, sea de bajo costo y funcione de manera continua. De hecho, especialmente en lo que al medio ambiente respecta, nuestras opciones de energía actuales son, en su mayoría, poco agradables.

La producción de carbón implica la detonación de montañas, la destrucción del terreno, el entierro de arroyos con desechos, el vertido de aguas de desecho ácidas que destruyen la vida acuática y la emisión de gigantescos volúmenes de cenizas luego de la combustión. La quema de carbón libera grandes volúmenes de contaminantes del aire – mercurio, plomo, arsénico, dióxido de carbono, dióxido de azufre, óxido de nitrógeno y hollín. La contaminación con hollín que deriva del carbón y del gasoil puede resultar letal y se estima que provoca 34.000 muertes prematuras al año solo en los Estados Unidos.
El petróleo se derrama y se vierte a diario, apestando arroyos y aguas subterráneas. Su combustión libera hollín y enormes cantidades de dióxido de carbono, así como otros contaminantes del aire. La energía nuclear genera el flujo de desechos más tóxico del mundo, hasta que tiene un mal día, y entonces las pesadillas se vuelven realidad. Luego de Fukushima, más del 1% de las centrales nucleares construidas en el mundo se han fundido. La radiación liberada solamente en Chernobyl produjo la muerte de aproximadamente 4.000 personas.

Las dos mayores fuentes de energía renovable – el etanol de maíz y las grandes centrales hidroeléctricas – también contaminan y dañan. Los grandes diques devastan las migraciones de peces en todo Estados Unidos. El nitrógeno y el fósforo que emanan los campos de maíz que sirven de alimento a las centrales de etanol contaminan los ríos y provocan grandes zonas muertas en el Golfo de México. Aunque su crecimiento es acelerado, la energía eólica y solar brindan solo el 2% de la energía total de América del Norte, pero incluso el viento, que no provoca ningún tipo de contaminación aérea ni acuática, goza de fervientes opositores, quienes detestan sus impactos visuales o son reacios a cualquier tipo de matanza de pájaros.

Entonces, ¿qué fuente de energía gana la batalla de la participación de mercado en todo el mundo? El petróleo continúa siendo la mayor fuente de energía del mundo, pero el carbón está reduciendo la brecha y podría transformarse en el combustible principal a nivel mundial. En efecto, el año pasado el carbón llegó a su mayor participación en el mercado de la energía mundial en más de 40 años. China, la segunda economía de mayor envergadura y crecimiento, obtiene el 70% de su energía total del carbón y solo un 5% del gas natural. Solo en Estados Unidos el carbón está en la puja, porque la revolución del gas de pizarra ha abaratado el gas y está desplazando al carbón. El carbón y el petróleo ya suministran el 63% del total de energía a nivel mundial. Su consumo está en crecimiento y constituye la principal razón por la cual las concentraciones atmosféricas de carbono exceden los 400 ppm, la contaminación del aire daña a millones y el uso de energía contamina el agua. En ese mundo real de la energía poco agradable, la mayor eficiencia energética, la energía renovable, la energía nuclear y el gas natural – con sus imperfecciones – ofrecen grandes beneficios para la salud pública. Es más, en algunas partes del mundo como en los EE. UU. el gas natural tiene la capacidad exclusiva de desplazar de manera rápida y económica enormes cantidades de carbón y petróleo.

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