YPF

Energía YPF

09.09.2013  | EL DIARIO DE PARANÁ | Víctor Bronstein(*)

Mitos y verdades del shale

La Argentina tiene hoy una gran oportunidad para lograr el autoabastecimiento de hidrocarburos de manera sustentable: poner en valor los grandes recursos no convencionales, conocidos como “shale gas” y “shale oil” con que cuenta nuestro país. Sin embargo, la producción de estos recursos está generando controversias a partir de objeciones promovidas por grupos ambientalistas que repiten los argumentos de cierto activismo radicalizado de otros países, que no tienen en cuenta la realidad de nuestro país y los pocos fundamentos científicos que sustentan estas posiciones.

Como ha ocurrido en otros países, estas objeciones han influido sobre la opinión pública que no conoce las cuestiones técnicas y, en un primer momento, en los sectores que deben tomar decisiones políticas. Sin embargo, hoy estas cuestiones están mucho más claras, se han distinguido los mitos de las verdades y la explotación del shale ha permitido cambiar el paradigma energético a nivel mundial al incorporar reservas y producción que compensan la declinación de los yacimientos maduros. Hoy se realizan explotaciones no convencionales en EE.UU. y Canadá, China ha comenzado a licitar sus áreas de shale, y Gran Bretaña está comenzando su explotación. Incluso en Alemania, país con una legislación ambiental muy estricta, se está revisando la moratoria que se había establecido sobre el fracking y se calcula que el año que viene comenzará a perforarse los primeros pozos.

Alemania después del accidente de Fukushima en Japón decidió cerrar varias centrales nucleares, con lo cual la participación del carbón en la generación eléctrica pasó del 45% al 52%. Hoy necesita gas para reemplazar el carbón en sus centrales, ya que es el combustible más contaminante, y disminuir a su vez su dependencia del gas ruso. Ese gas sólo puede provenir de sus recursos no convencionales.

El shale ha cambiado el panorama energético de EE.UU., país donde desde hace más de 10 años ha comenzado la producción de este tipo de recursos y que ha permitido que la gran potencia mundial comience, por primera vez en 30 años, a autoabastecerse de gas y aumentar su producción de petróleo después de más de 40 años de declinación.

Si bien los recursos del shale se conocían desde hace más de 100 años, no era posible extraerlos porque no se contaba con la tecnología necesaria. Ahora se cuenta con esta tecnología y por eso el shale comienza a ser una realidad. Los métodos utilizados para su explotación merecen ser analizados teniendo en cuenta precisiones técnicas para evitar algunos mitos en torno a la actividad.

UN MITO. La fractura hidráulica, si bien utiliza mucha agua, es un porcentaje mínimo del caudal de los ríos. Un ejemplo, en la Argentina el desarrollo de recursos no convencionales en la cuenca neuquina, insumirá muchísimo menos del 1% del caudal de los ríos Limay y Neuquén, y aproximadamente el uno por ciento de lo que consume la ciudad de Neuquén en un año.

Se plantea también el problema de qué hacer con el agua que se utiliza para el fracking una vez terminada la operación. Esto está debidamente regulado, de tal manera que la disposición final de las aguas utilizadas es manejada de diversas formas durante todo el proceso, lo que incluye la reutilización y el tratamiento y el almacenamiento en tanques o piletas para volver a usar. Es decir, es un mito también pensar que esta agua puede generar problemas ambientales.

Por otra parte, el Laboratorio Nacional de Tecnología Energética, dependiente del Departamento de Energía de EE.UU., difundió la semana pasada algunos resultados preliminares sobre unos estudios que está realizando para investigar el comportamiento de los fluidos utilizados en la fractura hidráulica y si estos pueden llegar a extenderse hacia las fuentes de agua potable. Este estudio también abarca investigaciones sobre el comportamiento sísmico producto de las operaciones de perforación. La investigación se está haciendo en un área de perforación en el condado de Greene, ubicado al suroeste de Pittsburg, al lado de West Virginia.

Los primeros resultados de estos estudios no han mostrado ninguna evidencia de que los productos químicos del proceso de perforación hayan ascendido y contaminado los acuíferos de agua potable. Tras un año de seguimiento, los investigadores comprobaron que los fluidos químicos utilizados para liberar el gas atrapado en las formaciones de shale se quedaron confinados a miles de metros por debajo de los acuíferos.

La investigación se basó en utilizar marcadores reconocibles para etiquetar los fluidos de perforación que se inyectaron a más de 3.000 metros bajo la superficie, estableciéndose una zona de vigilancia mil metros más arriba. En esa zona, después de un año de mediciones, no se detectaron los marcadores, por lo que se concluye que las sustancias potencialmente peligrosas se quedaron a más de dos mil metros de distancia del agua potable.

El estudio realizado por el National Energy Technology Laboratory se implementó a partir de un acuerdo con una compañía de perforación, la cual permitió que los científicos del gobierno inyecten trazadores especiales en los fluidos de fractura y que luego puedan realizar un monitoreo regular para ver si estos fluidos llegaban a fuentes de agua potable.

Ocho pozos de la formación Marcellus, en EE.UU., fueron monitoreados sísmicamente, comprobando que la onda no viaja más de 200 o 300 metros desde el pozo. Eso es significativo porque algunos grupos ambientalistas han cuestionado si las fracturas pueden llegar a la superficie, sin embargo, los resultados muestran que las ondas se amortiguan a dos mil metros de la superficie, lo cual lo hace imperceptible para la gente y no genera ningún riesgo sísmico. Debemos evitar, entonces, caer en las opiniones sin fundamentos y utilizar los estudios sistemáticos realizados con metodología científica para decidir nuestras políticas y líneas de acción. Los recursos del shale en nuestro país nos permitirán aumentar en más de 40 veces nuestras reservas de gas y en 10 veces las de petróleo. Esto cambia nuestro paradigma energético y nos abre la posibilidad de hacer sustentable el crecimiento y desarrollo de Argentina.

No perdamos esta oportunidad.

(*) Director del Centro de Estudios de Energía, Política y Sociedad (Ceepys).

Ir a la nota publicada

Otras noticias destacadas