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21.09.2014  | LA VOZ DEL PUEBLO

Fracking: un futuro con crecimiento sustentable

Por Ernesto Gallegos, geólogo, profesor en UNAJ y en la UBA

"Fracking" se volvió en los últimos dos años una palabra inesperadamente repetida en Buenos Aires, una provincia sin petróleo ni gas en su subsuelo. Más allá de los intereses que hayan provocado esta situación, mi obligación como geólogo y profesor universitario es brindar hechos científicos comprobados, libres de manipulación tendenciosa, para que el lector pueda formar su opinión con información concreta.

Para ordenar el análisis, comencemos con dos preguntas que se están planteando actualmente: ¿Existe petróleo o gas en la Cuenca de Claromecó? ¿Es peligroso el fracking? Ambas son cuestiones que no deben ser tratadas a la ligera.

La llamada Cuenca Claromecó-Colorado está compuesta por sedimentos paleozoicos y abarca una extensión de unos 50.000 Km2 en la provincia de Buenos Aires y continúa sobre la plataforma continental. El dato relevante a resaltar es que sólo una pequeña fracción de la columna de rocas corresponde a sedimentos marinos, y no se ha encontrado en ellos potencial hidrocar​​​burífero.

Es decir, Claromecó nunca formó (ni formará) parte del "club" de las cuencas productoras de hidrocarburos en Argentina. Desde el primer hallazgo de petróleo en nuestro país en 1907, nunca se consideró a esta cuenca como un objetivo para la producción de estos recursos, ya sean convencionales como no convencionales.

Respecto a la segunda pregunta, es posible afirmar que el fracking en Argentina, que se realiza en los pozos de la Formación Vaca Muerta, es una realidad y un éxito. La técnica se practica en nuestro país desde 1959 y en los últimos años se ha instalado definitivamente para hacer frente al desafío de la explotación de petróleo y gas no-convencional, sobre todo en la Cuenca Neuquina, donde ya se producen más de 25 mil barriles diarios de petróleo equivalente con más de 250 pozos perforados, lo que consolida al yacimiento como el segundo productor de hidrocarburos en Argentina.

Además, se realiza con la mayor seguridad, porque el fracking no representa en nuestro país un riesgo al medio ambiente y se regula con los mismos controles que la actividad petrolera convencional, en la que fuimos pioneros y acumulamos más de un siglo de experiencia.

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Asimismo, desde el punto de vista científico es posible refutar a algunos "mitos" que circulan en torno a esta técnica, como los siguientes: el aislamiento de las perforaciones impide toda interacción con los acuíferos y reservas de agua dulce; toda el agua utilizada para la inyección proviene de los ríos (no de las napas) de la región y es reutilizada para nuevos pozos; no se utilizan químicos diferentes ni más peligrosos que en otras industrias a cielo abierto o en las cocinas de nuestros hogares; y las vibraciones generadas son varios ordenes de magnitud menores a lo mínimo que pueden percibir los seres humanos en superficie.

Todo esto provoca una tercera pregunta, quizás la más importante aunque sea poco mencionada entre los grupos ambientalistas que se interesan por la Cuenca de Claromecó: ¿Qué diferencia representará a la Argentina permitir o no el fracking para explotar sus recursos? La respuesta es concreta: en el futuro cercano esta técnica permitirá explotar la totalidad de las inmensas reservas acumuladas en Vaca Muerta, que puestas en comparación con el consumo energético actual, podrían proveer a nuestro país con más de un siglo de autoabastecimiento energético.

Por último, vale la pena preguntarse qué intereses políticos y económicos mueven a los activistas anti-fracking en Argentina, y qué alternativa proponen para que podamos recuperar nuestra independencia energética en el corto plazo. Las energías completamente renovables son una utopía que todavía no es viable económicamente aquí ni en ninguna otra nación y las reservas de hidrocarburos convencionales se encuentran en declinación a nivel mundial.

Si bien la cuenca de Claromecó seguirá indefectiblemente bajo el status de "no productiva", la demonización del fracking bajo argumentos falsos es una tendencia peligrosa que pone en riesgo el futuro de nuestro país. Un futuro sin energía es un futuro sin crecimiento, sin industrialización, sin inclusión social, sin empleo, con una economía que necesariamente nos volverá dependientes de los países centrales. Esperemos que las decisiones informadas de las autoridades y de la sociedad en general nos permitan reencontrarnos con el autoabastecimiento energético en el futuro cercano. Sin mezquindades, un futuro de crecimiento sustentable que nos debemos hace mucho tiempo.​

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