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21.09.2014  | EL DIARIO

El uso del agua en el fracking

Por Marcelo Sticco, Geólogo. Profesor de Ingeniería Ambiental en UTN y UCA, y de Gerenciamiento ambiental en UCES.

El agua es un insumo fundamental para el desarrollo de la vida de cualquier ser viviente en nuestro planeta. Todos tenemos una gran dependencia de este fluido tanto en forma individual como colectiva. Esa necesidad de agua también se hace extensiva a la totalidad de las actividades que desarrollamos los seres humanos.

Utilizamos el agua para elaborar productos de una fábrica industrial, en las actividades rurales, la elaboración de alimentos, la recreación y el esparcimiento, entre otras muchas acciones.

Pero no en todas las actividades usamos la misma cantidad de líquido. Si, por ejemplo, comparamos la demanda de agua que se necesita para la producción de gas no convencional con otras industrias, llegamos a la conclusión que la explotación de shale gas es una actividad casi “seca”.

Según la información que suministra la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), la cantidad necesaria de agua para producir algunos alimentos es la siguiente: para obtener un kilo de carne vacuna, se necesitan 1.500 litros de agua; para un vaso de leche, 200 litros; para un huevo, utilizamos 135 litros; la producción industrial de una hamburguesa utiliza 2.400 litros y para una taza de café, 140 litros.

¿Y cuánta agua se necesita para producir un metro cúbico de gas? La industria necesita tan sólo un litro por cada metro cúbico de gas no convencional. Esa cantidad de gas es lo que consume una cocina normal durante más de seis horas. Es decir, la extracción de shale gas necesita una cantidad mínima de agua con respecto a otras actividades.

Ese litro de agua en la práctica se necesita “junto” con todos los demás litros, durante un par de días, que es el lapso de tiempo que lleva realizar la estimulación hidráulica o fracking de un pozo no convencional. Es por este motivo que la industria petrolera focaliza el esfuerzo y sus recursos en las instancias tempranas (constructivas) de los pozos de producción de recursos no convencionales, a diferencia de otras industrias que necesitan más agua, como la ganadería y la agricultura, pero lo consume en un período más extenso d​e tiempo. ​

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CUIDADO Y CONTROL. Esta búsqueda de agua requiere de un alto compromiso con el cuidado, tutela y protección del ambiente, además de políticas activas por parte del Estado y las empresas.

Aquí entran en acción las leyes que garantizan un ambiente sano a toda la sociedad. Una de ellas es la promulgada por la provincia de Neuquén, principal provincia petrolera del país, que prohíbe el vuelco de líquidos de retorno en los cursos superficiales, obligando a realizar un tratamiento a dichas aguas y establece estrictas restricciones para la utilización de agua subterránea, priorizando el consumo humano y agrícola por sobre el industrial.

Otra protección está relacionada con barreras físicas concretas. Dentro de cada pozo se coloca, en diferentes etapas de la perforación, varios tubos de acero concéntricos de diferentes diámetros, que están adheridos a las rocas perforadas con cemento impermeable que rellena el espacio que queda entre el caño y el terreno. Este encamisado es particularmente robusto en la zona de las napas acuíferas.

Ahora bien, ¿se hace algo más para probar y verificar que las barreras de acero y cemento aíslan realmente el interior del pozo del ambiente exterior? Sí. En primer término, durante la etapa constructiva del pozo, se realizan pruebas de hermeticidad por cada uno de los distintos diámetros. Para aumentar la seguridad, estas pruebas se realizan a mayor presión que la máxima a la que van a estar sometidas en la realidad.

Además se realiza un control de “adherencia del cemento” tanto a las cañerías como a la “pared del pozo”, o sea a las rocas perforadas, mediante una técnica que podría compararse con una “ecografía”, permitiendo observar si la cementación fue completa. De este modo se asegura el completo aislamiento del pozo con el medio subterráneo.

En síntesis y parafraseando a mi abuela, “el agua y el aceite no se mezclan”, tampoco en la industria del petróleo y el gas. ​

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