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12.04.2014  | RIONEGRO.COM.AR

Demanda académica al ritmo shale

La matrícula de ingeniería creció desde el 2009. Evalúan cambios en el plan de estudio.

"Hoy los egresados de Ingeniería no están desempleados". El decano de esa Facultad en la Universidad Nacional del Comahue (UNC), Daniel Boccanera, utiliza la referencia para contrastar lo ocurrido en la década de los 90 con el presente de las carreras de ingeniería en todo el país y en particular de las que se dictan en la región, 4.500 metros por encima de Vaca Muerta.

Las mejores condiciones para el sector productivo y particularmente el último impulso tomado por la industria petrolera acompañan el movimiento ascendente de la matrícula. Desde el 2009 la cantidad de estudiantes ha crecido un 80% y la especialidad en petróleo duplica a cualquiera de las otras ingenierías. En el 2014 se anotaron 314 ingresantes, el mismo número de estudiantes activos en la carrera. Boccanera habló con "Río Negro Energía" sobre los desafíos en la formación de futuros profesionales.

–¿Es necesario modificar los ejes de la carrera frente a los desarrollos no convencionales?

–En líneas generales tenemos que hacer una revisión de los planes de estudio, básicamente porque están desde el '95 y traen una previa de muchos años atrás, donde la formación de ingenieros no era la misma que en la actualidad. No nos olvidemos de que en la década del 90 a los científicos los mandaban a lavar los platos y los ingenieros laburábamos de taxistas, por lo tanto parecía dar lo mismo cualquier tipo de formación. Alcanzaba con la formación general porque la industria daba la formación final o directamente no se necesitaba ningún tipo de desarrollo tecnológico específico. Hoy creo que esto es diferente, no alcanza con la formación básica.

–¿Implicaría modificar contenidos y la cantidad de años de estudio?

–Se deberían reestructurar los contenidos y sumar otros nuevos. La cantidad de años de estudio no debería modificarse. Con cinco años de estudio es suficiente. Actualmente se ha bajado el tiempo promedio para finalizar la carrera de 10 a 7 años y medio. Sin embargo el porcentaje de egresados en relación con los ingresantes sigue igual, en el 10%.

–¿Hay mayor interés por la Ingeniería en Petróleo?

–La carrera de Ingeniería en Petróleo ha tenido los vaivenes típicos de la actividad. Cuando la actividad petrolera caía, caía el ingreso. Cuando mejoraba, aumentaba el ingreso. En el 2009 hubo 106 inscriptos, en el 2010 fueron 88, en el 2011 108, para el 2012 se inscribieron 179 y en el 2013, 288. Este año se anotaron 314 ingresantes. Evidentemente la apuesta del gobierno nacional a que se reciba la mayor cantidad de ingenieros, a través del Plan de Formación Ingenieros 2012-2016 más los anuncios en la actividad petrolera, ha hecho atractiva nuevamente las ingenierías.

–La matrícula casi de duplicó, ¿se modificó el presupuesto?

–Ese crecimiento, con una matrícula de 1.200 alumnos, no lo tenemos acompañado en el presupuesto docente ni en infraestructura. Esto es un condicionante porque no es una carrera, en los primeros años, de tiza y pizarrón. Se necesita mucho equipamiento para poder atender masivamente a los estudiantes en los laboratorios o aumentar el plantel docente para atender mayor cantidad de comisiones. Actualmente tenemos entre 600 y 700.000 pesos de presupuesto sin contar salarios. Esto imposibilita afrontar los costos del instrumental necesario para las prácticas. Durante el año pasado conseguimos 10 millones de pesos por servicios realizados. El 87% de eso se destina a la compra de los equipos necesarios para los laboratorios y las prácticas, con costos de hasta 250.000 dólares. El resto va a la Universidad y a la Facultad. De otra manera no se podría.

–Algunos empresarios consideran como un costo muy alto el tiempo de adaptación laboral. Incluso insinúan que debería absorberlo la Universidad.

–Nosotros integramos la Red de Universidades Petroleras junto con la Fundación YPF y ellos nos manifiestan que en realidad ése es el tiempo que se toma para incorporarlos plenamente, incluso es un poco más que dos años, pero nunca plantearon que deban hacerse cargo las universidades de esa adaptación.

–¿Están vinculados con las empresas del sector?

–Tenemos muchísimos vínculos. Desde que ingresé como decano en el 98, se empezaron a establecer los acuerdos de pasantías que dieron muy buenos resultados. De hecho en las peores épocas, 2001 ó 2002, teníamos buenos acuerdos de salida para estudiantes con las pasantías, que quedaban como contratados o efectivos. También apareció el crédito del IAPG con buenos resultados. Tenemos muchas becas de empresas para determinadas prácticas, pasantías internas, que las llamamos preprofesionales universitarias con muchos chicos. No nos podemos quejar.

–¿Los egresados de la UNC tienen algún inconveniente para insertarse efectivamente en el mundo laboral?

–No tienen ningún inconveniente. De hecho los chicos tienen muy asumido que su trabajo puede estar afuera, en el campo. Para ellos no es ningún condicionante ir a trabajar a los pozos; es más, hasta diría que muchos de ellos inclusive lo disfrutan.

–¿El ingreso temprano al trabajo y los buenos salarios atentan contra la finalización de los estudios?

–Ocurre frecuentemente, pero los esfuerzos están puestos en que finalicen. Dentro del Plan de Formación Ingenieros 2012-2016 existe un proyecto denominado Delta-G para incentivar la graduación de ingenieros. Es un plan de trabajo académico de un año para alumnos que perdieron su regularidad, faltándole pocas materias, por ingresar al mundo laboral. Como compensación reciben 25.000 pesos si culminan la carrera. En nuestra facultad tenemos unos 70 estudiantes.​​



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